Por JCCRojas

¿Qué se sabe realmente sobre la visión del capítulo 1 de Ezequiel? El Antiguo Testamento que describiremos como el AT suple un sinnúmero de referencias sobre las diferentes maneras en las que Dios se reveló a los profetas de la antigüedad. Si somos buenos analistas, descubriremos que para cada época, Dios se reveló de diferentes maneras. ¿Porqué? Por razones que estudiaremos a continuación. Debo aclarar que por falta de espacio analizaremos los datos más importantes utilizando citas directas del Nuevo Comentario Bíblico, edición de 1989 publicado por la Casa Bautista de Publicaciones.

La visión del 1er capítulo de Ezequiel es un tema extremadamente profundo. Fue el capítulo más místico de toda la escritura hebrea durante varios periodos del judaísmo y de la época medieval. Por tal razón es necesario desarrollar este tema a su capacidad máxima. Comencemos nuestro recorrido espiritual. El primer capítulo de Ezequiel comienza con una gran visión que el profeta tuvo donde vio parte de la gloria de Dios descrita en los versos 1-28. El profeta Ezequiel pertenecía a una familia sacerdotal y fue llevado en su juventud a Babilonia. El libro comienza de la siguiente manera. “Aconteció en el año treinta, en el mes cuarto, a los cinco días del mes, que estando yo en medio de los cautivos junto al río Quebar, los cielos se abrieron, y vi visiones de Dios.” [Ezequiel 1:1 Biblia Reina-Valera Revisión 1960.]

Lo primero que debemos conocer es; ¿qué es una visión? Cuando estamos despiertos operamos con todos nuestros sentidos físicos. Cuando dormimos esa función racional descansa. Es entonces cuando los sueños se manifiestan. No debemos confundir esta visión con un estado de sueño. El profeta expresa que se encontraba rodeado entre el público al que describe como “los cautivos” y se encontraba en las orillas del río Quebar. Este río era conocido por los babilonios como el “gran canal” y se encontraba al sudeste de Babilonia. Ezequiel expresa que “los cielos se abrieron.” Sabemos que experimentó una visión tal y como él la describe. Es decir, experimentó un estado transcendental, un éxtasis que lo describe como “visiones de Dios.” Por definición propia el éxtasis se define como la suspensión temporera de los sentidos comunes y la elevación del alma. Cuando los profetas experimentaban visiones ellos recibían revelaciones sobre asuntos profundos que transcendían la visibilidad de nuestro mundo físico y materialista. Tal experiencia causaba asombro tal y como vemos en Apocalipsis 17:6 y en otros pasajes del AT sobre las visiones que Dios le reveló a los profetas de la antigüedad. Los 30 años de Ezequiel 1:1 tal vez corresponda a los 30 años del reinado de Nabopolassar, padre del rey Nabucodonosor ya que el profeta narra que se encontraba entre los cautivos y los israelitas estaban en cautiverio bajo el imperio babilónico. Esos 30 años alude a la cronología del reinado de Nabopolassar.

Ezequiel pudo contemplar en su visión un viento poderoso procedente del norte y una nube arropada por fuego cuyo centro era resplandeciente. Ezequiel 1:4. Pero es desde el verso 5 en adelante donde deseo concentrar la atención ya que es aquí donde comienza el esplendor de la visión que se le reveló a Ezequiel. “Y en medio de ella la figura de cuatro seres vivientes. Y esta era su apariencia: había en ellos semejanza de hombre.” [Ezequiel 1:5]

La connotación “seres vivientes” denota que no se trataba de personas ordinarias, no eran seres humanos, sin embargo tenían una resonancia con el aspecto de una persona, aspecto antropomórfico. Sabemos que estos seres vivientes eran querubines ya que desde el verso 6 en adelante se nos suple la información detallada sobre su aspecto. Ezequiel 10:1 también esclarece el cuadro, los seres vivientes eran querubines. Pero antes de continuar debemos analizar de cerca la data sobre los querubines. ¿Qué es un querubín? ¿De donde procede la lingüística y el término? ¿Desde cuando tenemos data referente a ellos? No debemos proceder sin antes empaparnos de un conocimiento básico sobre estos seres celestiales.

Los récords arqueológicos demuestran que en la antigüedad varios pueblos conocían el término. La palabra querubín se encuentra con sus variantes en diferentes lenguas de la antigüedad. Analizaremos brevemente algunos idiomas donde encontramos el término. Querubín viene del griego antiguo, querub. En la creencia de los antiguos griegos el querub se distinguía de otros seres celestiales pues gozaban del segundo puesto más cercano a la deidad suprema (Dios). De ahí que posteriormente se le dio la connotación de “los más próximos o cercanos.” ¿Cercanos a qué? Cercanos a Dios. El término era conocido en el hebreo como Krubím. Uno de los términos más antiguos se encuentra en la cultura persa donde aparece como Kerubes “guardianes” tal y como se muestra en las ruinas de Persépolis, Irán. El término se encuentra presente en una de las culturas más antiguas de Mesopotamia en Caldea que posteriormente se convirtió en el imperio babilónico. Ahí, los judíos estaban cautivos bajo el yugo de Babilonia. Cuando los judíos (hebreos) regresaron del cautiverio renovaron su cultura y sus estatutos con Dios. El término aparece en la Biblia hebraica. En la cultura acádica querubín aparece como karabu que tiene una estrecha relación con el término bendecir. Los caldeos y asirios dejaron esculturas y pasajes pintorescos sobre los querubines y los describían como un animal alado (buey) con cabeza de hombre tal y como se encontró en la provincia de Persépolis hoy día Irán.

El término querubín aparece en diferentes pueblos de Mesopotamia pero debido a que éstos disponían de diferentes creencias politeístas y en algunos casos panteístas su término variaba de pueblo en pueblo. Lo cierto es que la Biblia los menciona en la visión de Ezequiel como guardianes del trono de Jehová y como los transportadores de la carroza celestial de Jehová.

En la jerarquía cristiana, los querubines corresponden al segundo orden de poder entre nueve. Por eso se les denomina “los próximos” o aquellos cercanos a Dios. El primer orden jerárquico le corresponde a los Serafines. Pero como estamos analizando Ezequiel 1:1-28 nos concentraremos por ahora en los querubines. A los querubines se les reconoce su gran capacidad para desplazarse con extrema rapidez. [Ezequiel 1:14] No están atados a las limitaciones físicas puesto que no son seres físicos como lo es el hombre en su género humano. Como toda figura de dominio celestial los querubines irradian luz. Son los que conducen la merkabah de Jehová. Merkabah es un término hebreo que aparece en Ezequiel 1:4-26. La merkabah es la carroza celestial dirigida por los querubines tal y como expresa Ezequiel 1:19-21. En Ezequiel 1:4-26 aparece el término hebreo (r-k-b, merkabah). En los tiempos antiguos se utilizaba para dirigir a un animal por medio de un vehículo.

En Ezequiel 1:4-26 el término hebreo (r-k-b, merkabah) denota que los querubines dirigían la carroza celestial. Sobre esta merkabah (carroza) se asentaba el trono de Jehová. Ver Ezequiel 1:26. La carroza de Jehová (merkabah en hebreo) disponía de cuatro ruedas a los lados y era conducida por los querubines. ¿Porqué Dios se reveló de esta manera? Debemos recordar que los israelitas estaban cautivos, eran esclavos del imperio babilónico y por lo tanto su moral como pueblo había caído. Si nos remontamos a la época, los militares se desplazaban por medio de fuertes carrozas (los vehículos de la época) lo cual era representativo de gran poder. Jehová se presenta de esta manera por medio de una gran carroza que sobrepasa la imaginación humana. Una carroza celestial que cabalga su trono celestial, la Merkabah, dirigida por seres celestiales poderosos, los querubines, la segunda potencia de la jerarquía celestial. Los querubines eran vistos a su vez como los “guardianes” del trono de Dios, por lo que constituían un orden homogéneo y exclusivo. Son ellos los que transportan la gran merkabah, la carroza de Jehová. Esta visión resaltaba el poderío soberano de Dios sobre toda la Tierra. Había cuatro querubines y cuatro ruedas, constituye el dominio sobre los cuatro puntos cardenales de la Tierra; norte, sur, este, y oeste. Indicativo de que la deidad (Dios) es soberano sobre todo poder terrenal.

Los Cuatro Rostros De Los Querubines

Cada querubín tenía semejanza de hombre, cuatro caras, cuatro alas. [Ezequiel 1:5-6] Siendo éstas; hombre, león, buey, águila. El rostro de hombre es representativo del poder que se le ha dado en la tierra. El león es exaltado sobre las bestias salvajes. El buey es exaltado sobre los animales domésticos, y el águila es exaltada sobre los pájaros.

Los seres vivientes, querubines (verso 5) junto a sus ruedas (verso 15 y 16) formaban una carroza que no era terrenal, el trono de Dios, la Merkabah. Sin embargo, los cuatro rostros o las cuatro potencias; hombre, león, buey, y águila estaban debajo de la Merkabah (carroza) de Jehová, indicativo de lo sublime del Reino de Dios. Las ruedas permitían que la carroza (merkabah) se moviera hacia cualquier dirección (verso 15 y 16). Los aros de las ruedas tenían ojos, indicativo de inteligencia y conocimiento ya que el verso 20 expresa que el espíritu de los seres vivientes (querubines) estaba en las ruedas. Las ruedas indican la movilidad de Dios y los ojos su conocimiento sobre todo lo existente, soberanía, y omnisciencia.

El profeta es muy cuidadoso ya que expresa que él no vio a Jehová sino una semejanza de la gloria de Jehová. El Nuevo Comentario Bíblico de la Casa Bautista De Publicaciones expresa en la Pág. 500; “Existe el rostro grande y el rostro pequeño de Dios dice el Talmud, y al hombre le es dado ver solo este último.” En Juan 1:18 encontramos que “a Dios nadie le ha visto.” Es una referencia sobre su naturaleza y magnificencia en todo su esplendor. En resumen, los profetas vieron en sus visiones o en forma visible como es el caso de Moisés  una manifestación de la teofanía, donde Dios se mostraba de una manera en la que el ser humano lo pudiese comprender.

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